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Amando con Fibromialgia

Este es un escrito de alguien con fibromialgia hacia esa persona especial que está a nuestro lado, soportando el dolor con nosotras. Esperando que les sea de inspiración y ayuda para expresar una pequeña porción de lo que sienten, aunque las palabras nunca serán suficientes.

Un día más en la vida de ella, otro día con cansancio, dolor y frustración. Un día más entre puntadas, contracturas, pinchazos. Dolor en las piernas, dolor en los brazos. Dolor de cabeza, dolor de pies. Dolor de ojos, dolor de espalda.

La lista puede continuar, e incluso se haría interminable. Tantos síntomas, tantas consecuencias de esos síntomas y tanta pero tanta carga mental que conlleva lidiar con ellos.

Ganas de que se termine, ganas de que todo sea diferente, ganas de “ser normal.” Miles de ideas cruzan por su mente, recuerdos y sueños. Piensa en su pasado, en su presente, en su futuro. En todo lo que le gustaría hacer y no puede, en lo que hoy parece tan lejano, cuando corría llena de vitalidad, cuando estiraba sin dificultad, cuando subía las escaleras a toda velocidad, cuando podía mirar la vida sin ardor en los ojos, cuando podía vivir sin preocuparse por el clima o elegir entre una simple tarea o la otra porque no se cansaba, porque nada la frenaba.
En medio del remolino de esos incontrolables pensamientos, de esa mezcla de sentimientos, aparece él. Sin buscarlo, es que se volvió una parte primordial en su vida. Sin quererlo, se detiene en él, esa persona que tanto ama, que tanto quiere cuidar y a veces hasta proteger de ella misma. Y no puede evitarlo. Lucha con todas sus fuerzas, pero una lágrima cae. La impotencia viene a invadirla, y los recuerdos florecen uno tras otro. (Y con ellos, la frustración).

Recuerda cuando podían jugar, hacerse cosquillas o “pelear” sin tener cuidado de que algo le duela. Cuando él la hacía enojar solo para salir corriendo con ella persiguiendolo. O esas noches interminables, madrugadas de llamadas, podía trasnochar sin problema. Sin que al otro día su cuerpo le pida cuentas. Cuando caminaba a su lado agarrando su mano o su brazo, y no era porque necesitaba ayudaba o perdía el equilibrio. Cuando un abrazo fuerte, o un simple juego de manos eran cosa cotidiana. Cuando un beso jamás le hubiese quitado las fuerzas.
Otras lágrimas caen por su rostro, pensando en su incomprensible presente. Pero no llora por ella, ni siquiera le importa ahora su propia tristeza. Solo piensa en él.
Lo que daría porque todo este diagnóstico fuera una mentira, para un día despertarse libre de todo aquello relacionado con la palabra dolor, y no cualquier dolor, sino esa compleja palabra que lo acompaña: crónico. Lo que daría por no conocerlo. Lo que daría porque esa persona tan especial no lo conozca. Que todo esto solo sea un sueño, del cual puedan despertar y descubrir que no era real.

Cómo quisiera hacer de cuenta que no está ahí, y regalarle a él los momentos que tanto se merece.

Cómo quisiera que esté todo en su mente y simplemente decidir que toda molestia se termine. Solo para hacerlo feliz, solo para no verlo sufrir.

Lo ama, Dios, cuánto lo ama. Lo ama tanto que en ocasiones pensó en fingir que nada pasaba, solo para brindarle un día, solo un día libre de esa insoportable palabra, y si tuviera que hacerlo toda una vida, lo haría. Tanto que lucha por no mencionarla, por no pensarla. Lo ama tanto que quisiera estar en su lugar.

Recuerda las primeras crisis, y las que le siguieron, sus hermosos ojos, llenos de preocupación, llenos de temor, viéndola en ese estado. Ojalá nunca la hubiese visto, ojalá fuera mentira, ojalá.

Su mente no puede más, tiene que dejar de pensar. Tiene que dejar de recordar, pero es tan difícil. Y entre tantos sentimientos que se chocan, que se mezclan. Pensamientos que vienen y van, recuerdos, imaginación. Hay dos cosas que tiene claro: primero, no va a rendirse, su fortaleza es inquebrantable y segundo, su amor por él es interminable. Así que se seca las lágrimas, suspira y mira al cielo. Sabe que Dios conoce sus pensamientos, y descansa en él otra vez.

Se va a dormir, convencida de que todo va a estar bien. Convencida de que aún puede ser feliz, de que aún pueden ser felices, de que aún puede hacerlo feliz. De que diferente no es igual a malo, de que tiene que aceptar todo esto y salir adelante. Convencida de que mientras él se quede, no va a soltarlo y va a amarlo con todo su corazón. -Ojala nunca se vaya- piensa.

Cierra sus ojos, mañana será otro día. Voy a estar bien, vamos a estar bien. Una noche más, aferrada a todo lo que aprendió en el proceso, creyendo que seguirán aprendiendo, juntos. Diciéndose que lo que hoy no entiende mañana tendrá explicación, que bajar los brazos jamás será una opción. Que abandonar la pelea es para cobardes. Después de todo, nunca soñó con un príncipe que la rescate, siempre quiso un guerrero que dé batalla a su lado y la ame.

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3 comentarios
  1. Elizabeth García
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  2. Yarely perez
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  3. Eugenia
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