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El dolor… mi compañero de aventura (Rosa)

Aproximadamente en el año 2000, iba de médico en médico y no había explicaciones para mis dolores. Creo que llevaba ya más de 5 años con este padecer.

Un día consulté a un internista, creo que su apellido era Escalante y me dijo: déjame hacer una prueba:

Comenzó a tocarme en 5 puntos: articulaciones, frente, caderas, sienes y hombros. A todos respondí con dolor.

Entonces, me diagnosticó síndrome fibromiálgico. Con calma me explicó que todavía no había una respuesta a esta condición y que sólo con antidepresivos podía calmarla.  Algo asustada acepté.  A los pocos días me sentía tan desfallecida por el efecto secundario que volví a consulta y me lo cambió, pero el resultado fue igual.

Mi cuadro para él era más complicado porque soy reactiva a los AINES, entonces no podían recetarme calmantes.

Lloré mucho pues me sentía como discapacitada y el médico recomendó informarlo a mi familia porque necesitaba apoyo emocional.  Mis hermanos casi colapsan porque algunos pensaban que era flojera; otros nunca habían oído que eso existía.

La seguí llevando, pero no soporté más los antidepresivos y tomé la decisión unilateral de dejarlos.
Como soy católica convencida de que Cristo es el Sanador, me arrodillé ante Él y le dije:

Los médicos no saben qué hacer, yo tengo mucho miedo, estoy desesperada, entonces dime qué debo hacer para controlar tanto dolor.

A partir de allí, estoy en una montaña rusa: a veces al acostarme me duele el esternón, costillas y todo.  Entonces grito y el dolor como que sale y duermo.

En otras me levanto tan adolorida que me cuesta llegar al baño con rapidez.

En el día hay momentos que siento que caeré, sobre todo aquí en Venezuela que tengo que hacer colas para todo y no se respeta el carnet de discapacidad que tuve que sacar.

Pero, siento que ese dolor me acerca a mi Señor y cuando la angustia quiere apoderarse de mí lo pienso en esa cruz, sin merecerla y le ofrezco mi dolor.

Estoy como catequista y atiendo niños y jóvenes y durante las clases el dolor desaparece.

Muchos se han sorprendido cuando lo digo pues dicen que es imposible el ritmo de trabajo que desarrollo como catequista, como Adoradora del Santísimo, en diversas actividades de mi parroquia. Estoy convencida de que Jesús es el que me sostiene y he convertido al dolor en mi compañero de aventura, pues le digo: lo siento me duele la rodilla, pero hoy tengo actividades así que vente dolor para que me acompañes y no le queda otro remedio: se va o me acompaña.

Bendigo a Dios por mi dolor y se lo ofrezco como sacrificio por el sufrimiento de tantos venezolanos y por lo que falta en la tierra para completar su pasión.

Hay días en que Dios me regala unas horas libre del dolor y me asombra no sentirlo.

Pido a Dios que no me lo quite, sólo que me de la fuerza y el valor para soportarlo.

Lo asumo y sigo viva, disfrutando de las maravillas que Dios tiene para mí.

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4 comentarios
  1. Silvia Hernandez
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    • Maria Teresa
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        • Rosa Gutiérrez
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