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Mi Fibromialgia: el caso particular de Cristy

Me casé muy joven, tenía 19. Un año después nació nuestro primer bebé. Pocos meses después empecé con síntomas como si me fuera a resfriar, pues me dolía todo y estaba súper desganada.
Pues no me resfrié, y solo pensé que me había escapado de una gripe.
Pero el dolor y la falta de energía se hicieron constantes, junto con más síntomas que ya ni recuerdo bien, pero que me hicieron recurrir al médico.

Me hicieron un electrocardiograma, un perfil reumatoide, y química sanguínea.

¡De todo salí bien! Entonces el médico, en vez de preguntarme a mí, ve a mi esposo y le dice: “¿Es nerviosa y preocupona su esposa?”

Mi esposo le contestó que sí.

El médico le pregunta nuevamente a él:”¿Hay algo que la tenga triste?”

Mi esposo vuelve a decir que sí, pues mis papás y hermanos vivían a 40 horas de distancia de nosotros. Además hizo alusión a una posible depresión postparto. Entonces el doctor me mandó a relajarme, y llevármela tranquila. Me dijo que era imposible que tuviera todos esos síntomas propios de una mujer anciana, no de una de 20 años. La verdad salí de ahí llorando. Mi esposo hacía todo por animarme, pero pensando que todo se trataba de algo mental, o emocional. No lo culpo, quién creería que estaba enferma si en realidad me veía sana.

Aprendí a aguantar el dolor. Lo difícil era el desgano. Ni cómo irme a la cama durante el día si tenía un bebé.

Mi esposo (que dicho sea de paso, es el mejor del mundo), decidió empezar a trabajar por su cuenta para participar conmigo en cuidar y atender al bebé. Cosa que no dejo de agradecerle. Él veía mi esfuerzo durante el día, así que sí había que atender al nene en la noche, lo hacía él.  Pues la familia creció, y en total tenemos tres hijos.

Como dije antes, aprendí a soportar el dolor. Tanto así que, fueron partos normales los tres, y les puedo decir que conozco dolores más fuertes que el de parto. Para cuando el más pequeño de mis hijos tenía casi 3 años, y yo 28, ya había pasado por varios estudios, y varios médicos, y siempre me encontraban “bien”. Decían que era mental.

Pero ¡el dolor no puede inventarse!

Pues encontré un médico que me habló de la fibromialgia. Yo ya había leído al respecto antes, y sí creía que era eso lo que tenía, pero nunca se lo dije a algún médico, pensando en que no quería predisponer un diagnóstico. Pero me arrepiento de no haberlo hecho. Si pudiera regresar a la primera vez que leí de la fibromialgia, lo primero que haría sería llevarle el artículo a un médico diciéndole que así me sentía. Pero ni hablar, no lo hice, y finalmente me diagnosticaron. Con el tiempo surgieron más males ¡Todos crónicos!

Antes dije que conozco dolores más fuertes que el de parto… pues ese es la neuralgia trigémina. ¡La primera vez pensé que me iba a morir! Como repitió varias veces, y alternó en el lado izquierdo y el derecho, lo diagnosticaron crónico. Fué muy duro aceptar que tenía otro mal crónico. Empecé con episodios depresivos frecuentes.

Una vez, algo me cayó mal al estómago, y me dolía. Eso me hizo llorar mucho y me sentía tan triste. Pensaba: “¿Porqué todo lo que me pasa duele?” Hay muchas cosas que se me han hecho difíciles, una ha sido aceptar mis limitaciones y pedir ayuda. Otra es la percepción de los demás. Antes me importaba mucho lo que pensaba la gente, y me daba vergüenza que supieran que no soy ama de casa, que en realidad mis hijos y esposo llevan las riendas de la casa, y ellos me atienden. Ellos lavan, planchan, cocinan y mantienen la casa limpia. Yo solo lo hago cuando siento algo de energía.
Ahora hablo más de la fibromialgia con mis amigos. Habrá quien entienda, otros tal vez crean que tan solo soy floja y me gusta que me atiendan, y otros más tal vez les dé igual. Pero ya no me abrumó pensando en eso.

Además, me siento tan orgullosa de la familia que hemos formado mi esposo y yo, que ya no me avergüenza admitir que “no soy ama de casa” sino la Reina.

Ahora, tengo 40 años, y estoy atravesando la peor crisis de mi vida. ¡Creo que ahorita se me presentaron de golpe los alrededor de 200 síntomas de la fibromialgia!

Bueno, tengo que decir las cosas que me han ayudado a sobrellevar la FM:

Primero, me esfuerzo por tener siempre una buena actitud. Mi sonrisa siempre me ha caracterizado.
Soy agradecida, y tomo en cuenta todo lo que hacen por mi, aunque sea algo tan simple como prepararme un café.

Un día, quería levantarme de la cama, pero me quedé sentada en la orilla, llorando por lo mal que me sentía. Pero me puse a pensar en qué hay muchos papás que tienen que lidiar y sufrir la enfermedad de alguno de sus hijitos, y estoy segura de que todos han pensado alguna vez: “¿Por qué no soy yo el enfermo en vez de mi amado hijito?”

Bueno, a ese respecto, mis hijos gracias a Dios son súper sanos. Ni gripe les da. ¡Ahí está! No debo lamentarme por estar enferma, sino que debo agradecer la buena salud de mis hijos.

También he aprendido a tomar las cosas con buen humor. El apoyo de mi esposo ha sido fundamental. Siempre está tratando de hacerme reír y que esté animada. Y cuando de plano no puedo salir de la cama, no me presiona. Y entre él y mis hijos me atienden, bien bellos todos.

Tengo una anécdota que me causa gracia cada vez que la recuerdo:

Un amigo nuestro, hace muchos años tenía un vocho. Le sonaba todo, menos el radio y el claxon. Y un día que íbamos todos en el vochito, dice este amigo: “Sh, cállense tantito, es que le oigo un ruidito”. Mi esposo soltó una carcajada, y le dice:

-¡No inventes, le suena todo y ¿puedes identificarle un ruidito?!

-Es que éste ruidito es diferente. Le contesta él.

Por cierto, este amigo se llama Alfonso. Bueno, pues un día, por la mañana le dije a mi esposo que sentía un dolor, pero diferente, y me dice atacado de la risa:”¡Cálmate vocho de Alfonso! Te duele todo ¿y puedes identificar un dolor diferente?”

Nos reímos los dos, y eso me relajó bastante. Ahora, solo le digo que amanecí tipo “vocho  de Alfonso”, y comprende a qué me refiero.

Le puse como título:”Mi fibromialgia “, porque, habiendo tantos síntomas, cada caso se vuelve único. Aunque sentimos que nos identificados con quienes la padecen, la verdad es que no somos iguales. Hay cosas que me pueden servir a mi, y a alguien más no.

Pero no se pierde nada probando. Yo he probado muchos analgésicos, herbolario, homeopatía, acupuntura y un montón de remedios. En un par de día tengo cita con un acupunturista, y confío en que me reduzca la intensidad de dolor que tengo ahorita y desde hace muchos días.

Otra cosa que me funciona y disfruto mucho es cantar. Me ayuda hasta para dormir bien. Y todos en casa somos muy cantadores. Mis hijos y yo tocamos la guitarra.

Para concluir, solo puedo decir que, la actitud es muy importante. Y que debemos hablar de lo que sentimos y no esperar que los demás simplemente lo den por hecho.  Porque en ese caso, no nos conviene no parecer enfermos, pues la gente que nos ve concluye que estamos bien. Por eso, si no puedo con algo, porque no tengo energía, o tengo mucho dolor, digo que no, y brevemente explico por qué, si es necesario.

Leí hace poco una frase que me gustó:

“Escucha a tu cuerpo cuando te hable, para que después éste no tenga que gritar”.

Extralimitarse es contraproducente.

Saludos, y un abrazo fuertotote, como si no nos doliera nada. 🙂

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