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Fibromialgia: de la impotencia a la esperanza

Apenas tenía 43 años cuando me di cuenta que algo andaba mal. Siendo maestra de profesión, trabajaba largas horas tanto en la escuela como en mi casa. Comencé a tener mucha dificultad para concentrarme y a penas podía levantar los brazos para escribir en la pizarra y ya no podía sostener el libro de texto en las manos. Luego de varios exámenes, me diagnosticaron con artritis degenerativa y depresión mayor. Comencé tratamiento inmediatamente.

No sentí alivio como hasta 6 meses más tarde, pero por muy poco tiempo. Noté que estaba trabajando de 10 a 12 horas  diarias y no completaba nada. Cuando iba al supermercado tenía que llamar a mi hija para que fuera por mi ya que yo no podía siquiera poner la compra en el carro.

En ese entonces yo vivía sola en Kissimmee por el trabajo y mi esposo se había quedado en Puerto Rico. Luego de año y medio no pude soportar más y tuve que tomar la decisión de abandonar mi trabajo, que tanto amaba, en medio del semestre escolar. No fue hasta un año después que pude ver a un reumatólogo, quien me diagnosticó fibromialgia progresiva además del artritis degenerativa.

A casi 4 años luego del diagnóstico, varias hospitalizaciones por depresión mayor y un sinnúmero de diferentes medicamentos y terapias no puedo decir que estoy bien, pero sí estoy mejor no porque ya no tengo dolor, sino porque he aprendido sobre la enfermedad, he venido a comprender que ya no soy la que antes era aunque mi corazón no lo asimila todavía, porque tengo un esposo maravilloso que me acompaña a cada cita y ha aprendido que esto es una enfermedad real y en mi caso más complicada por el artritis y ahora diabetes entre otras condiciones.

También porque cuento con un médico de cabecera excepcional quien me visita a la casa y también cuento con una familia que me apoya. Por sobre todas las cosas soy bendecida porque Dios es el mejor médico que puedo tener.

Tanto mi esposo, como mi médico y mi familia oran por mi. Es en Jesús en quien he puesto mi mirada para poder sobrellevar esta enfermedad que me consume cada día.

Mi consejo para todas las personas que padecen esta enfermedad es que se refugien en el Señor, que vivan un día a la vez y que traten de educar a su familia para apoyo y a aquellas que estén casadas, que sus esposos les ayuden con masajes en todo en cuerpo y que les den mucho, mucho, pero mucho amor, comprensión y mucha consideración, ya que las crisis de dolor incontrolable, llegan sin avisar y son muy frecuentes.

Otra de las cosas que me ayudan es la paz mental y emocional, pues aunque nuestra vida esté de cuadritos, el no tener ningún tipo de presión adicional a la de tener que vivir con y en  dolor es crucial para no enloquecer. No tener la presión de tener que realizar quehaceres en la casa ha sido de gran ayuda. Como dije antes, tengo la bendición de tener un esposo maravilloso que me cuida y me considera.

Ya con esto, todas las carencias que tengamos, como finanzas por ejemplo, pasan a un segundo plano. Si puede ser de ayuda para alguien o si surge alguna pregunta estoy a su disposición. Que la bendición del Dios Todopoderoso les acompañe y les ayude a enfrentar la fibromialgia, enfermedad o condición definitivamente incapacitante…💚

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5 comentarios
  1. Anita Lopez
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    • Gloria Gamez
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