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María, con FM: Vivir al otro lado

¿Qué sentiría si viviese al otro lado?, eso es lo que pienso a veces, ¿cómo es “ese otro lado”?.

No recuerdo la última vez que lo experimenté, no llego a recordar la sensación que se tiene al otro lado, al otro lado del dolor, al otro lado de la desgana y de la desolación, al otro lado del sentimiento de culpa por no poder seguir el ritmo o por no poder llevar a cabo los planes previstos.

Recuerdo, eso sí, que hubo un tiempo en el que hacia muchas cosas, vivía cada minuto del día y descansaba cada segundo en la noche, eso lo recuerdo, pero no puedo recordar lo que se siente…

Entonces miro a mi alrededor y veo a las personas que están en ese otro lado, en el lado de la vida placentera y que ni si quiera lo saben, veo sus ojos como miran con extrañeza cuando les hablas, el día que te atreves, de tu sombra oscura, esa que te acompaña siempre. Y entonces te das cuenta de que no entienden nada, que no vale la pena decir nada ya que peor que llevar contigo a tu sombra es el hecho de que nadie la vea. Entonces te encierras, te sientes sola, incomprendida y culpable por todo ello.

Podemos caer en la autocompasión, en la amargura y llegar a criticar a aquellos que están al otro lado por el hecho de no entendernos. ¿Pero nos hemos parado a pensar como perciben los demás nuestra situación?.

Yo si, hoy mismo, esta misma noche, tras 18 años con mi sombra y en uno de esos días en los que ya llevas unas cuantas semanas de lucha casi sin cuartel, intentando que no se note mucho que no tienes ganas de nada, haciendo esfuerzos por seguir el ritmo, y no solo por los demás también por mi misma, por no dejarme vencer por mi sombra, por no dejar que hiciera de los días una noche continua, por fin me ha podido, por un rato, solo por un rato, pero lo ha conseguido, al final ha hecho que suplique que parara ya de atormentarme.

Pues justo en ese momento en que estaba compadeciéndome y buscando una respuesta a lo que ya sé que no la tiene, me he puesto en el lugar de la otra persona, en el lugar de uno de esos que están “al otro lado” y he pensado que no debe ser fácil estar ahí, los que viven “al otro lado “lo tienen muy complicado con nosotros, “los doloridos”, “los desganados”, “los tristes y apáticos”, pensad por un momento lo difícil que debe de ser, para alguien que no vive como nosotras, entender algo que no se ve, que se oculta tras una apariencia normal y que además nosotras actuamos como cómplices de esa maldita sombra ocultándola a cada minuto, unas veces por miedo a la incomprensión, otras por miedo al rechazo, incluso por propia incredulidad, porque todas y cada una de nosotras hemos sentido en alguna ocasión, sobre todo al comienzo de vivir acompañadas de nuestra inseparable sombra de dolor y fatiga, que todo podía estar en nuestra imaginación.

Entonces si no se ve, no lo mostramos y no lo contamos, parece que no existe para los demás, pero sí que existe y las personas que están más cerca de nosotras la sufren, no es que no nos entiendan, es que no pueden hacer nada, solo pueden acompañarnos en nuestros malos ratos, debe ser muy difícil para alguien que te ama no poder hacer nada para aliviar tu dolor.

Yo lo he visto hoy, cuando estaba derrotada he sentido su calor mientras me abrazaba medio dormido y lamentando mi situación, pero sin posibilidad alguna de ayudarme, o eso ha pensado él, en ese momento me estaba ayudando muchísimo, solo con estar ahí a mi lado, pasando una mala noche porque hoy mi sombra ha decidido invadir mi cama y no dejarme dormir.

Me he sentido a la vez afortunada y a la vez muy culpable de hacer que otra persona sufra los efectos colaterales de mi eterno torturador. No es fácil para ellos, no es fácil para nosotras, pero no debemos ponérselo fácil al verdugo invisible. Hay que seguir levantándose y buscando la manera no de esconderlo, sino de anularlo, en la medida que podamos.

No debemos dejar que nos quite las cosas que nos hacen felices, no debemos dejar que agote a nuestra familia, ya bastante tenemos con soportar que nos agote a nosotras, no dejemos que su sombra se alargue hasta nuestros seres queridos, ellos no tienen la culpa de “vivir al otro lado” ellos no son responsables de nuestra situación, así que cargar contra ellos no es la solución a nuestros dolores ni aporta nada beneficioso, todo lo contrario, eso hace que “ella, la sombra” gane la batalla.

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