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Un cambio de planes: la historia de Giuliana

¿En dónde estoy?, ¿qué es esto?, ¿planetas?, ¿estrellas rojas?, ¿a dónde va toda esa multitud de gente?, ¡Alguien me persigue! ¡Va a hacerme daño!, necesito guardar la calma… doy un fuerte suspiro, abro mis ojos y… 2:30 de la madrugada, y sí; otro sueño más.

4:30 am, algo repentino me ha despertado es frecuente  cada noche, miro el reloj y me doy cuenta que aún me queda un par de horas para seguir descansando, “vaya que alegría”.

6:15 am, suena el despertador, ahora si es hora de ir a trabajar. Otra vez mas no puedo levantarme, me siento muy cansada aún, tengo demasiado sueño, y mi cabeza no deja de repetirme: “anda no seas floja”, “mente positiva”, “llegarás tarde una vez más”, “¿En dónde está tu fuerza de voluntad?”.

¡Caramba, mi cuello!, mis hombros, ¡maldita almohada!, ¡mi espalda!, creo que necesito un colchón nuevo, y ¡estos pies me están matando!, ¿Qué rayos me pasa? Pareciera que hice un maratón.

Esto es cada noche, y lo primero que pasa al reintegrarme a la vida cotidiana. Mi cuerpo no tiene fuerza, pero si tiene dolor. Mi nombre es Martha Giuliana, tengo 25 años y después de 2 largos años de ir de doctor en doctor, me han diagnosticado fibromialgia.

Todo comenzó una tarde del 2010, me encontraba cursando último semestre de la universidad, aunado a esto  tenía un trabajo con el que me sentía realizada, pues era en una de las más reconocidas escuelas de la ciudad, mi vida a pesar de que estaba  envuelta en stress, en cuestión de salud era muy buena.

Una  tarde, iba en el automóvil, me dirigía a la universidad a tomar clases, mi tiempo era  excelente, no iba a las prisas, en un alto aproveché para desabrocharme el cinturón de seguridad y agacharme a tomar mi bolsa; pocos segundos después, escuché un rechinido de llantas y de repente un fuerte golpe sacudió el automóvil.

Tuve un fuerte estremecimiento en mi espalda y latigazo en mi cuello; más tarde en clínica de urgencias, el doctor me dio a conocer  el diagnóstico: un esguince de cervicales de 2do grado; ahí fue cuando comenzó todo el calvario.

Increíblemente después de 2 meses, volví a tener una contractura muscular en el cuello, lo que me provocó un 2do esguince, y un mes más tarde otro accidente automovilístico me volvió a dejar incapacitada por 15 días, a comparación de las anteriores recibí terapia para fortalecer los músculos de mi espalda y cuello, pero al parecer nada mejoraba, a partir de ahí nada volvió a ser igual.

Durante estos últimos dos años, una serie de dolores musculares y articulares, en los brazos, muñecas, piernas, pies, dedos, espalda, acompañado de migrañas, mareos, náuseas, colitis, problemas en el sistema urinario, periodos menstruales dolorosos han estado presentes con bastante frecuencia. Así como las visitas con los médicos: reumatólogos, neurólogos, internistas, homeópatas, neumólogos, urólogo, oculistas.

Todos ellos me mandaban sacar radiografías, tomografías, análisis de sangre generales para descartar artritis, análisis de orina, etc. Todas ellas gracias  a Dios arrojaban resultados positivos, pero a su vez yo no lograba entender que era aquello que sentía que iba acabando con mi calidad de vida.

En la cuestión laboral mis faltas eran recurrentes, así como las llamadas de atención. Soportar comentarios de familia, y amigos como: “Necesitas distraerte”, “deberías llamarte María Dolores”, “todo está en la mente”, “Necesitas ir con un psicólogo”, “tú eres hipocondriaca”, “nada más inventado padecimientos”, “tú y tus aventuras”, entre otros comentarios absurdos, eran los que más me lastimaban, y son los que más hunden a una persona con fibromialgia o alguna enfermedad.

Después del diagnóstico, un nuevo respiro, sabía que tenía la razón, algo en mi cuerpo no estaba bien, y es fibromialgia.

Duele mucho emocionalmente, tengo muchas preguntas en mi cabeza, aun no termino de comprender ciertas cosas, es triste, y más triste saber que por ahora no tiene cura. La fibromialgia ha ganado esta batalla, pero jamás ganara la batalla más importante, no se llevará mi actitud, mi residencia, mi positivismo, ya que son estas las que me hacen seguir adelante.

No permitamos que esta enfermedad nos tumbe, disfrutemos  cada uno de los días, a pesar del dolor, aunque existan días pésimos y días maravillosos, en verdad vale la pena seguir luchando por lo que queremos. La vida es demasiado hermosa para dejarnos caer. Somos guerreros fibromiálgicos y no estamos solos! 

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3 comentarios
  1. Dana
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  2. Silvia
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